21 Abr, 2020. En Nuestros Autores.

Señales en el Tiempo del Fin – Parte I

David I. Hermosillo González

Voces en el tiempo del fin

Estamos viendo señales del tiempo del fin, dudo que algún miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo día crea que dicha afirmación es falsa. Pero ¿En qué nos basamos para sostener tal afirmación? ¿Cómo podemos estar tan seguros de que estamos en la última etapa de la humanidad? Solemos cantar en uno de nuestros himnos “Todo proclama con poder, y las señales anuncian ya el fin”.[1] Las señales del cumplimiento profético están fuertemente ligadas a la fe adventista, son motivadores de fe y esperanza, y acompañan la testificación de cada creyente para anunciar al mundo que Cristo viene pronto.

Sin embargo, también en este tiempo suenan voces de alarma en  los medios con motivos distintos. El alarmismo (RAE: tendencia a propagar rumores sobre peligros imaginarios o a exagerar los reales) ahoga las verdaderas advertencias bíblicas llevándonos a los extremos. Ya sea con una vorágine de estrés, sobrecargando a las personas de toda clase de temores o llevándolas a una incredulidad total, a una indiferencia apática.

Es sorprendente que movimientos como la tierra plana, antivacunas, los reptilianos, la conspiración del alunizaje, etc. ganen adeptos y se mantengan vigentes a pesar de las claras evidencias en su contra. Mientras que grandes sectores de la población permanecen incrédulos de la Biblia y su claro mensaje de la Segunda Venida.

Discerniendo la información en un momento crucial

Aunque aparentemente no solo es un mal moderno,[2] las facilidades de comunicación en este tiempo han facilitado la propagación de toda clase de historias falsas, teorías conspirativas y desinformación. Este hecho, de la amplia propagación de información falsa en la actualidad, ha llamado la atención de la psicología social, llevando a varios investigadores a abordar la temática.[3] El resultado de estas investigaciones muestra varios sesgos comunes en el individuo que dificultan su capacidad de discernir que tanta verdad hay en el contenido que recibe.

El primero de estos sesgos es el de la familiaridad; cuanto más un individuo recibe cierta información, ésta a su vez se vuelve más familiar y aumenta la probabilidad de que crea que es real.[4] Dicho de otra forma, entre más información falsa veamos, más fácil será creerlas. Mientras  más se repite una mentira, más fácil será creerla. “Las costumbres hacen leyes”.

El sesgo de la verdad es otro ejemplo; donde tendemos a percibir la información novedosa como verdad. Aún cuando se le identifique claramente como falsa. Pareciera que la memoria influye en la percepción. Es más fácil creer lo que es explicado recientemente que lo que sabíamos de tiempo atrás.[5] ¿Cuantas veces no hemos recibido alguna noticia que afirma que los científicos descubren tal o cual cosa? Y sin saber nada más que la frase “los científicos” recordamos tal noticia como verdadera.

Una dificultad más para afrontar el sobre flujo constante de falsas narrativas es el sesgo de la confirmación; éste se produce porque queremos encontrar evidencia que respalde lo que ya creemos. Se le da más importancia, o solo se toma en cuenta los datos que confirman lo que creemos. Sumado a esto también puede afectarnos el efecto Dunning-Kruger, donde creemos saber más de lo que realmente sabemos y subestimamos, o no le damos importancia a las cosas que no entendemos.[6] Es la evidencia formal de que nos falta humildad para aceptar que no somos tan sabios como pensamos, y también para reconocer que podemos estar equivocados.

Toda esta problemática del pensamiento moderno para discernir la verdad empeora por el funcionamiento de los medios de comunicación actuales. Por ejemplo, la plataforma de videos de Youtube ha sido muy cuestionada por ser uno de los medios ideales para que se multiplique y disemine el contenido falso, incendiario y tóxico. Este tipo de contenido no es filtrado debido a la popularidad de los videos y porque genera una alta visualización del contenido ya comercializado y publicitado.

A esto se le suma el uso de algoritmos para recomendar videos al usuario que se basan en el historial y las preferencias personales. De manera que cuando alguien ha visto muchos videos de cierta categoría, le serán presentados otros tantos del mismo tipo como recomendaciones o publicidad reforzando una y otra vez sus ideas o creencias erróneas.[7]

Así es como en medio de la pandemia del Coronavirus muchos están seguros de que es una guerra biológica iniciada por el gobierno de China[8] o que este virus se elimina con té caliente de limón y bicarbonato. Primero llega la información novedosa como un descubrimiento impactante llevándonos a compartirlo inmediatamente con todos nuestros contactos (Sesgo de verdad). Empieza a circular estas historias falsas y “bombardean” a las personas en todos sus medios digitales, y si todos lo dicen debe ser cierto (sesgo de familiaridad). Como todos los medios están hablando del Coronavirus entonces sentimos que estamos bien informados, sabemos lo suficiente para emitir un juicio veraz (efecto Dunning-Kruger). Y por ello terminamos confirmando nuestras creencias escogiendo los datos que nos dan la razón (sesgo de confirmación).

Una alerta pertinente

¿Cómo podemos evitar ser arrastrados por las tendencias alarmistas sin descuidar la solemne responsabilidad de proclamar el cumplimiento de las señales proféticas? ¿Cómo aprender como cristianos a no caer en los mismos errores para no ser engañados? ¿Cómo distinguir nuestro mensaje dentro de tantas voces apocalípticas de alarma?

La buena noticia es que aún estas estructuras sociales y tecnológicas modernas donde prolifera la falsedad son un cumplimiento profético. Cristo mismo nos advirtió “Tengan cuidado de que nadie los engañe” (Mt 24:4 NVI). Debemos aprender a resistir estas formas naturales de mentira ya que “surgirán falsos cristos y falsos profetas que harán grandes señales y milagros para engañar, de ser posible, aun a los elegidos” (Mt 24:24 NVI).

 

[1] Himno 186 “Hace años escuché” Himnario Adventista, (Asociación Casa Editora Sudamericana, 2009).

[2] Jan-Willem van Prooijen and Karen M. Douglas, “Conspiracy Theories as Part of History: The Role of Societal Crisis Situations,” Memory Studies (June 29, 2017).

[3] Kenzo Nera, Myrto Pantazi, and Olivier Klein, “‘These Are Just Stories, Mulder’: Exposure to Conspiracist Fiction Does Not Produce Narrative Persuasion” Frontiers in Psychology 9 (2018): 2.

[4] Norbert Schwarz et al., “Metacognitive Experiences and the Intricacies of Setting People Straight: Implications for Debiasing and Public Information Campaigns” in Advances in Experimental Social Psychology, vol. 39 (Elsevier, 2007), 127–160.

[5] Myrto Pantazi, Mikhail Kissine, and Olivier Klein, “The Power of the Truth Bias: False Information Affects Memory and Judgment Even in the Absence of Distraction” Social Cognition 36, no. 2 (March 26, 2018): 167–198.

[6] Justin Kruger and David Dunning, “Unskilled and Unaware of It: How Difficulties in Recognizing One’s Own Incompetence Lead to Inflated Self-Assessments.” Journal of personality and social psychology (1999).

[7] “YouTube Executives Ignored Warnings, Letting Toxic Videos Run Rampant” Bloomberg.com, April 2, 2019, https://www.bloomberg.com/news/features/2019-04-02/youtube-executives-ignored-warnings-letting-toxic-videos-run-rampant.

[8] Como se puede notar en los 791,000 resultados de búsqueda en Google al ingresar la frase “Coronavirus guerra Biológica China”.

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